Silencio roto, tempestad en auje, cielo despejado, armonía confotable.
Arrastrarme hoy que puedes, llévame donde la represiòn no tiene nombre ní apellidos, aléjame de aquello que destruye lo construido.
Con pasos efímeros, con làgrimas saladas, con furia desbocada, con lamentos de anhelo espeso.
LLévame montado a caballo que quiero sentir el aire de la democracia, el olor de los caìdos, el asombro y el valor de lo que ésta Espaňa refleja.
Házme flotar por el horizonte, pues solo así podré bislumbrar la verdadera fuerza, el verdadero sentimiento de quien lucha por un mundo mejor, de quien apuesta por el poder de aquellos que no ven más allá de su bienestar.
Es frágil pero significativa, parece inacanzable y a la vez, es soňada por un pueblo que la precisa más que nunca.
Habita en nuestros corazones, esa palabra llamada libertad.
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