En la controversia encuentro la maldad, de aquel hijo de vecino que quiere aparentar.
Los hechos duelen y las palabras aún más, pues unas llevan tiempo y las otras se dicen sin más.
Si tanto odio escondes y quieres alimentar, búscate un alma como la tuya a la que puedas destrozar.
Intolerante tu conducta de soverbia enegrecida, vacío tienes el cuerpo y tu alma está perdida.
Ya no diré más, pues la cena está servida, si quieres mí perdòn te lo daré, aunque la maldad es contagiosa y los buenos sentimientos flaquean sin querer, infectándose de miedo, desvaneciéndose en el ayer.
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